Cuento armenio
El rey y el tejedor
La experiencia es a veces más valiosa que lo que dicen los libros. Un tejedor muy pobre demuestra ser más inteligente que los eruditos de la corte real, a quienes se les paga por sus servicios.


Érase una vez un reino llamado Goryeo. Un día, el rey ordenó a sus soldados que arrestaran a todos los monjes budistas del país.
—Cerrad todos los templos y meted a los monjes en la
Él pensaba que los monjes eran impíos y que se merecían un duro castigo, así que los soldados se dirigieron a los templos y los monjes huyeron despavoridos para evitar que los
—Hermana, por favor, escóndeme en tu casa o ¡me meterán en la cárcel! —le suplicó—. Seguro que los soldados no me vienen a buscar aquí.
Su hermana decidió ayudarlo y lo escondió en una pequeña habitación sin luz. El monje se encerró allí y su hermana le llevaba agua y comida hasta que tuvo una idea
Pero su esposo descubrió su malvado plan y, cuando su mujer salió de casa, él abrió la puerta de la habitación
—¡Corre, huye! ¡Mi esposa fue a avisar a los soldados, vendrán a arrestarte!
El monje, al escuchar esto, se asustó mucho y se puso en marcha de inmediato, pero, antes de salir de la casa, se giró hacia su cuñado por última vez y le dijo:
—Gracias por salvarme la vida. No tengo nada con lo que agradecértelo, pues no tengo posesiones, pero tengo esto. Lo hice mientras estaba en la habitación.
Le entregó a su cuñado lo que parecía una diminuta figura de arcilla y se