Hace mucho tiempo, vivÃa un hombre sabio que se llamaba Mamad. Era muy culto y conocÃa todos los idiomas de los animales. La gente del lugar vivÃa en armonÃa junto a los animales, y Mamad siempre estaba presente para intervenir cuando criaturas salvajes como los elefantes intentaban apoderarse de un territorio que pertenecÃa a los humanos.
Y lo que es más importante, todos conocÃan a Mamad como el hombre que nunca mentÃa. Pasara lo que pasara, siempre decÃa la verdad. Un dÃa, las historias del hombre que nunca mentÃa viajaron hasta la corte real y llegaron a oÃdos del propio rey, que gobernaba un vasto territorio africano. El rey deseaba conocer a este hombre lo antes posible y mandó a buscarlo de inmediato.
En cuanto la gigantesca puerta de madera de la cámara del rey se abrió y Mamad entró, el rey le preguntó con impaciencia:
—¿Es cierto que nunca has dicho una mentira en tu vida?
—SÃ, es cierto —respondió Mamad sin dudar.
—¿Y estás seguro de que nunca dirás una sola mentira antes de que acabe tu vida?
—SÃ, mi rey, estoy seguro de que no lo haré.
El rey sonrió discretamente e invitó a Mamad a quedarse con él en el palacio como huésped durante unos dÃas. Mamad aceptó y los sirvientes lo condujeron a una habitación de invitados. En cuanto la puerta se cerró tras él, el rey empezó a maquinar cómo burlar a aquel hombre que estaba tan seguro de no decir una mentira en su vida.
Unos dÃas más tarde, una gran multitud se congregó frente al palacio. El ruido llamó la atención del sabio, quien se asomó a la ventana para ver qué ocurrÃa. El rey se preparaba para una gran cacerÃa y, al ver a Mamad en la ventana, lo…