El carrusel mágico

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Incluso las cosas viejas pueden servirnos. Solamente hay que cuidarlas bien.

Todas las cosas que sirven para entretener a los niños tienen un alma. Incluso pueden cobrar vida. ¿De qué hablan las figuras del carrusel? ¿Qué les entristeció más y cómo terminó su historia? Lo descubrirás cuando leas este conmovedor cuento de hadas.
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El carrusel mágico
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Hace mucho tiempo, cuando tus abuelos eran niños, había un pequeño carrusel en un pueblo. Tenía dos ponis, un coche, un bebé elefante, un tren, un avioncito, un dragón y un cisne. Estaba justo en el medio de la plaza del pueblo y los niños se montaban en él desde el amanecer hasta el anochecer todos los días. ¡Los niños no se cansaban del carrusel!

Pero no era un carrusel cualquiera, ¿sabes? Era mágico y cada noche, después de que los padres llevaban a sus hijos a casa, el carrusel cobraba vida.

El bebé elefante exclamó primero: —¡Oh, fue un día maravilloso! ¡Muchos alegres niños me llevaron a dar una vuelta! ¿Cómo estuvo su día, ponis?

Los ponis relincharon alegremente. —¡Estamos muy contentos! ¡Fue un día espléndido, como ayer y anteayer!

—Bueno, ¡creo que es hora de que nos arreglemos un poco! —dijo el cisne. Extendió sus alas, las agitó un poco y empezó a lavarse.

—Tienes razón, amigo —dijo el cochecito.

—Déjame ayudarte con mi trompa —dijo el bebé elefante. Saltó del carrusel, se dirigió con pasitos alegres hasta un arroyo cercano, succionó una carga de agua con su trompa y la roció encima del coche hasta que quedó limpio y brillante, como un vehículo nuevo. Al coche le gustaba que lo llamaran vehículo, porque pensaba que la palabra sonaba más elegante.

—Muchas gracias, elefante —dijo—. Pero probablemente también debería sumergir mis ruedas en el agua. ¡Nunca se puede estar demasiado limpio! —dijo el coche y se apresuró hacia el arroyo para limpiar sus cuatro ruedas.

Después el bebé elefante llenó su trompa con otra carga de agua y uno a uno lavó los ponis, el tren, el avioncito y hasta el dragón, que no quería mojarse e intentó escupir fuego por su diminuta boca.

—Soy…

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