Está anocheciendo afuera. Aún no ha oscurecido del todo y se oye a un pájaro adormecido cantando su canción de buenas noches en algún lugar lejano. Puede que aún no tengas ganas de dormir, pero asà es el verano. No olvides que mañana te espera otro largo dÃa y que necesitas reunir fuerzas para afrontarlo.
Acuéstate boca arriba y cierra los ojos. ¿Estás cómodo? Inspira profundamente y exhala. FÃjate en cómo el aire te hace cosquillas en la nariz cada vez que lo haces.
Imagina que tus brazos y piernas son como trapos. Todo tu cuerpo se siente pesado. Debes de estar cansado después del largo dÃa que has tenido. Inspira, exhala.
Escucha la noche. No fuerces los oÃdos, solo deja que el silencio te arrulle suavemente.
Pero se oye algo, ¿verdad? Era la primera gota de una lluvia de verano cayendo sobre la ventana. Escuchemos juntos y veamos cuántas veces más golpearán la ventana estas primeras gotas antes de que empiece a llover de verdad.
Una segunda gota rebotó contra el cristal.
La tercera y la cuarta cayeron al mismo tiempo.
Y ahora hay una quinta, sexta, séptima, octava, novena, décima, undécima. De repente, caen tantas gotas de lluvia que ni siquiera se pueden contar. Las gotas empiezan a tocar juntas un concierto lluvioso.
Aquà y allá, el suave murmullo se convierte en un rugido. Es el sonido del agua al caer cuando sopla un fuerte viento. Escucha cómo canta la naturaleza afuera. Las ramas de los árboles y las briznas de hierba disfrutan de la cálida lluvia. Las lombrices ya han empezado a asomar la cabeza para ver qué pasa. Incluso los últimos pájaros siguen llamando a sus familias antes de que la lluvia ahogue sus cantos.
De repente, los sonidos fuera de…