Un enorme perro lanudo descansaba frente a un cobertizo. Se estaba bañando en los primeros rayos cálidos del sol. «Pronto llegará la primavera» pensó Zeus con emoción. Por cierto, Zeus era el nombre del perro peludo.
Sin embargo, un aullido salvaje proveniente de la carretera lo sacó de repente de su apacible sueño ligero. Zeus no dudó ni un segundo y corrió hacia el sonido como si su vida dependiera de ello. «¿Hay alguien en apuros?»
Para su sorpresa, cuando llegó, sólo encontró a un pequeño gato pelirrojo. El gato parecÃa ofendido y miraba a la valla con sus ojos verdes, el hocico hinchado y se lamÃa la pata furiosamente.
—¿Qué está pasando, Trotamundos? He oÃdo un grito terrible — El perro apenas podÃa decirlo sin jadear. Corrió tan rápido como pudo.
—¡Ese montoncito de tierra me ha mordido! —gimoteó el gato, señalando la valla enfurruñado.
Zeus se volvió hacia la valla, miró y se rio.
—¿Has metido la nariz en el hormiguero?
—¿Qué es un hormiguero? —preguntó Trotamundos, que seguÃa alterado.
—Ven conmigo, puedes refrescarte el hocico en el arroyo y te lo contaré por el camino.
Trotamundos siguió a su enorme amigo.
El perro continuó explicando:
—¿Ves esa criaturita en el camino que lleva una aguja de abeto? Es una hormiga. Y lleva la aguja para construir su casa: un hormiguero.
—¿Una aguja? ¿Será suficiente? ¡Si es pequeñÃsima! —dijo Trotamundos con sorpresa.
—Pero las hormigas son muy trabajadoras. Añaden una aguja a otra aguja, una ramita a otra ramita y una hoja a otra hoja todo el dÃa, hasta que crece una colina bajo sus pies. Como en la que has metido la nariz hoy —se rio el perro negro—. Un hormiguero asà tiene toda una red de cámaras y túneles en los…