Cuento finlandés
El viejo granjero y los estafadores
Engañar no compensa y eso es lo que aprenden los dos estafadores de la historia. Aunque engañan al viejo granjero, éste les da una buena lección.


La luz del día desaparecía gradualmente, eclipsada por una gran puerta de metal y cuando todo quedó oscuro, sonó un
Por fortuna, Pimienta entendió los pictogramas de las paredes que parpadeaban como farolas.
—Vamos, por aquí —le dijo Pimienta, tratando de encontrar una ruta de escape.
—¿Sabes lo que significan esas señales? —le preguntó Sal, solo para estar segura, aunque confiaba plenamente en su amiga.
—Sí, siempre hay que ir en dirección a las flechas. Te sacarán de cualquier apuro —le dijo Pimienta con seguridad.
Y así, nuestro par ascendió lentamente por la escalera de metal, tal como indicaban las flechas en las
—¿En dónde estamos? —preguntó Sal, esperando una respuesta inmediata, pero Pimienta no tenía la menor
—¡Oigan, ustedes dos! ¿Qué están haciendo aquí? —dijo un
Sal y Pimienta se dieron la vuelta y vieron a dos extraños que apretaban los puños con un aspecto severo y juzgando con sus miradas a los recién llegados.
—No nos hagan nada, estamos… vinimos… estamos de visita —dijo Sal temblando de terror.
Los dos extraños inmediatamente comenzaron a
—En realidad, no sabemos ni en dónde estamos. Llegamos aquí por accidente.
La pareja de aspecto severo esbozó una sonrisa amistosa y se…