Julia decidió que este año la Navidad tenía que ser perfecta. Y estaba convencida de que, para ser perfecta, tenía que ser exactamente como en las películas.
Así que, primero, convenció a su padre para que comprara muchas luces navideñas, no solo para el árbol.
—¿Qué vamos a hacer con tantas luces, Julia? —preguntó, sorprendido.
—Vamos a decorar toda la casa, por supuesto! Y tendremos dos árboles: en el jardín y en la puerta, así como en las películas —explicó Julia.
No había forma de convencerla de lo contrario.
Luego le rogó a su madre para que horneara galletas navideñas decoradas con bastones de caramelo y también galletas de jengibre decoradas con glaseado rojo y verde con lunares plateados, en vez de las viejas e insípidas galletas con carne molida.
—Y luego invitaremos a cenar a toda la familia, mamá —anunció triunfalmente—. No solo a mis abuelos, también a la tía Mary, la tía Janice, el tío Stephen y a mis primos!
Su madre dio un suspiro de cansancio:
—Julia, eso es mucho trabajo. La Navidad siempre significa mucho trabajo, y preparar la cena para todos esos invitados…
—Pero, mamá, no lo entiendes —Julia interrumpió—. ¡Así lo hacen en las películas! ¡En Navidad hay mucha gente y una gran pila de regalos debajo del árbol. ¡Y los regalos tienen que ser grandes, mamá, no lo olvides!
Julia se detuvo un momento pensando en los detalles:
—Y el árbol tiene que ser grande o los regalos no van a caber debajo de él. Necesito pedirle a mi papá que compre el árbol más grande del mercado —dijo Julia y salió corriendo.
Julia tenía muchas ganas de tener la Navidad perfecta. Para convencer a sus papás de que hicieran realidad su sueño, cumplió con todas las tareas de la escuela,…