Cuento armenio
El rey y el tejedor
La experiencia es a veces más valiosa que lo que dicen los libros. Un tejedor muy pobre demuestra ser más inteligente que los eruditos de la corte real, a quienes se les paga por sus servicios.


Érase una vez un corderito suave y peludo al que le gustaba pasear y explorar el mundo. Un día, se adentró en un profundo bosque lleno de hierba muy
Cuando vio que estaba perdido y que no lograba encontrar la manera de regresar al prado, se asustó y empezó a correr frenéticamente de un lado a otro. Su balido era tan
—¡Beee! ¡Beee! —balaba, atemorizado.
—Ñam, ñam, ñam —dijeron las tripas del lobo.
Se acercó al corderito y, cuando lo vio, supo de inmediato que tenía la cena servida. Se relamió sus grandes labios de lobo. Pero el cordero empezó a suplicarle:
—Por favor, lobito, no me comas aún, ¡soy muy
—Bueno, supongo que tienes razón. Esperaré a que crezcas y, cuando te pongas regordete, grande y jugoso, te
Pasó el tiempo y el corderito se convirtió en un carnero grande y fuerte que no le tenía miedo a nada. Un día, se encontró de nuevo con el lobo que se había apiadado de él.
—Bueno, carnero, ¿recuerdas tu promesa? —preguntó el lobo con un «¡gr...!».
—Por supuesto que sí —dijo el carnero—, pero ahora soy demasiado duro y musculoso. Te dañaría los dientes y no sería buen alimento para ti.
El lobo se enojó muchísimo. Aulló furiosamente porque comprendió que el carnero lo estaba engañando de