El hombre que vive en el tercer piso se llama señor Millán, y es bastante peculiar.
Un dÃa, estaba jugando con mis amigos en el parque frente a nuestro edificio y, de repente, escuchamos una explosión. Una nube de humo púrpura salió por la ventana del tercer piso y oÃmos gritar a alguien. Sin embargo, no parecÃan gritos de miedo, sino más bien el tipo de chillidos que hace la gente cuando está muy contenta.
Todos corrimos hacia el edificio y subimos las escaleras hasta el tercer piso, donde encontramos a muchos otros vecinos que ya se habÃan reunido. Llamamos a la puerta y gritamos, pero el señor Millán tardó una eternidad en abrir. ParecÃa sorprendido.
—¿Qué rayos pasa? ¿Por qué están todos aqu� ¿Me he perdido algo?
—¿Qué está pasando ahà dentro? —tronó nuestro siempre malhumorado casero, el señor Esteban— ¡Pues claro que te has perdido algo! ¡Te has perdido el hecho de que está prohibido hacer brujerÃa en este edificio! —se quejó con tanta fuerza que se le hinchó la vena azul de la frente.
Después de eso, estaba convencido de que el señor Millán debÃa de ser un mago. Sin duda, esa era la única explicación de por qué habÃa estado haciendo trucos de magia. Pero mi madre me dijo que en realidad era un inventor.
Nuestra profesora habÃa hablado sobre los inventores durante una de nuestras clases de arte. Fue cuando mi compañero Juan estaba intentando hacer un pincel con un palito de paleta y un poco de hilo para las cerdas. Ese dÃa se habÃa olvidado de traer sus pinceles al colegio, asà que necesitaba algo con lo que pintar. En la clase anterior habÃamos estado aprendiendo a coser y a Juan todavÃa le quedaba algo de hilo. Intentó…