Charles Perrault
Caperucita Roja
No hables con extraños. Este famoso cuento nos recuerda que hablar con extraños puede ser peligroso. Por suerte, esta historia tiene un final feliz.


Érase una vez un
El huevo iba caminando tranquilamente cuando de pronto vio un caballo tras una cerca. El caballo
—¿Adónde vas, huevo? —preguntó el caballo.
—Voy a conocer el mundo —respondió el huevo orgullosamente.
—¿Sabes qué? Ya conozco todo lo que hay alrededor de este corral. Te acompaño —dijo el caballo.
Y continuaron el camino juntos. Al rato se encontraron con un buey pastando en un prado. El buey mugió y pateó tan fuerte que tembló el
—¿Adónde vais? —les preguntó el buey.
—Vamos a conocer el mundo —respondió el huevo por los dos.
—Voy con ustedes. Mis pezuñas ya conocen toda la tierra de este prado —dijo el buey y a partir de ahí se convirtieron en un
Cuando los tres trotamundos pasaban junto a una vieja cabaña, vieron a un gato que se calentaba al sol en el tejado y maullaba
—¿Adónde van ustedes tres? —preguntó el gato curioso.
—Vamos a conocer el mundo —respondió de nuevo el huevo.
—Me aburro ya en este tejado. Os acompaño —dijo el gato y los cuatro se pusieron en
Siguieron caminando hasta que llegaron a un riachuelo. Al pasar junto a él, vieron un cangrejo de río. Se acercaron y en cuanto el cangrejo los vio, chasqueó las pinzas en señal de
—¿Adónde vais tantos? —refunfuñó el cangrejo de río.
—Vamos a conocer el mundo —respondió el huevo por cuarta vez.
—No conozco otro sitio que no sea este riachuelo, así que voy con ustedes—dijo el cangrejo de río y de cuatro, pasaron a cinco que caminaban
No lejos…