A Sara Sarraceno no le gustaba estar sola en el plato, pero tenÃa la suerte de vivir con Martina, una niña a quien le encantaba el trigo de sarraceno y siempre le ponÃa cosas muy ricas que le hacÃan compañÃa. A Martina le gustaba comérselo de forma distinta cada dÃa. Ayer, hizo tortitas de trigo de sarraceno y le puso fresas, almendras y virutas de chocolate negro. El dÃa anterior, Martina y su madre cocinaron el trigo de sarraceno en grano y le pusieron verduras de muchos colores. ¡Quedó un plato precioso! Martina también le ponÃa muchos ingredientes a la pasta de trigo de sarraceno y a otros platos, asà que Sara Sarraceno no estaba sola ningún dÃa.
Pero hoy, en la cocina, reinaba el silencio. Aún nadie lo sabÃa dentro de los muebles de la cocina, pero habÃa vacaciones en la escuela y Martina y su madre se habÃan ido a visitar a su abuela. Sara Sarraceno esperó todo el dÃa a que la niña de pelo rizado abriera el mueble, la sacara, hiciera tortitas y la acompañara de más ingredientes. Pero no vino nadie. Sara se quedó esperando dentro del tarro de cristal y suspiró con tristeza.
MarÃa Manzana la escuchó suspirar desde el bol de fruta sobre la mesa de la cocina.
—¿Quién suspira tanto dentro del mueble? ¿Qué pasa? —preguntó.
—Soy yo, Sara Sarraceno. Estoy triste porque Martina se fue y la extraño. Estoy deseando que vuelva para que haga conmigo algo muy rico y no estar sola. Se le da muy bien y siempre tengo muy buena compañÃa.
—Es verdad —respondió MarÃa—, pero no pasa nada, su padre está en casa.
Sara suspiró.
—Es que, cuando su padre cocina, no le añade nada de nada. Me deja ahà sola,…