Afuera hay una oscuridad aterciopelada. Es como si una cálida y suave manta hubiera envuelto toda la casa. Las plantas cansadas del balcón han inclinado sus cabezas. Incluso los pájaros que habían estado cantando alegremente todo el día se han callado. Es hora de irse a la cama.
Si me acurruco bajo las sábanas y cierro los párpados, mis ojos también pueden descansar. ¿Quieres acompañarme? Al fin y al cabo, en la oscuridad no hay mucho que ver. Pero quizá sería buena idea abrir un poco la ventana primero. Si escuchamos con atención, podremos oír las suaves melodías nocturnas que flotan en la brisa fresca. Esos sonidos relajantes pueden arrullarnos hasta dormirnos.
¿Recuerdas lo ajetreado que fue el día? La noche es tan tranquila, aunque no sea precisamente silenciosa...
Uno a uno, los murciélagos que anidan en el hueco del árbol comienzan a salir volando hacia la oscuridad. El cielo nocturno les da la bienvenida y ellos responden con alegres chirridos. Les espera una noche llena de paseos bajo la luna. ¡Qué tengan un buen vuelo, queridos murciélagos! Toda la familia de murciélagos ya ha salido volando del árbol y ha desaparecido en la distancia.
En algún lugar entre la hierba alta, un erizo resopla. Ahora que está oscuro, ha reunido el valor para caminar por el jardín. ¡Ten cuidado de no tropezar con algo, querido erizo! La pequeña criatura espinosa se abre paso lentamente por el césped y se arrastra hasta su nido, ignorando a los grillos acurrucados en la hierba. Los grillos están muy ocupados con su concierto diario. Se interrumpen unos a otros con alegres chirridos, disfrutando plenamente del cálido aire de la noche. ¡Qué relajante es escuchar su característico canto! En algún lugar lejano, un búho ulula…