Esta noche vamos a emprender un viaje maravilloso. Asà que ponte cómodo, cierra los ojos y relaja todo el cuerpo: brazos, piernas, cuello... concéntrate en tu respiración. Respira profundamente por la nariz... y espira lentamente por la boca.
Otra vez, inspira... y espira. Y otra vez. Inspira profundamente... y espira lentamente. Con cada respiración, te sientes más relajado y cómodo.
Ahora podemos emprender el viaje prometido. Imagina que puedes pasear por todo tu cuerpo, visitando cada miembro, cada órgano. Incluso cada célula que te hace ser tú mismo.
Empezaremos por la cabeza, porque todos nuestros pensamientos viven allÃ. A veces son traviesos cuando no paran de parlotear en nuestra cabeza. ImagÃnatelos como niños revoltosos en la guarderÃa gritando y chillando todo el tiempo.
Pero vamos a intentar calmarlos un poco. Vamos a acostarlos. Los pensamientos traviesos ya están cansados. Mira cómo bostezan, preparándose para dormir. Pueden descansar contigo.
Vayamos despacio a tus ojos. ¿Qué aspecto tienen? Imagina un gran prado con flores de colores que ondean suavemente como si un viento suave las acariciara. Son células diminutas que hacen que nuestros ojos vean el mundo que nos rodea. La luz cae constantemente sobre ellas y crean la imagen que vemos. Ahora pasea a su alrededor. Intenta tocar una con delicadeza.
Di buenas noches a tus ojos. Ahora bajaremos de la cabeza a los pulmones. Son un lugar muy importante, porque llevan oxÃgeno a tu sangre. La sangre transporta el oxÃgeno a todas y cada una de las células, y es entonces cuando pueden trabajar para nuestro cuerpo a pleno rendimiento.
¿Notas cómo tu pecho se eleva al inspirar y desciende al espirar? Al inspirar entra aire en los pulmones y al espirar sale del cuerpo. Y una vez más: inspira... y espira …