Queridos niños, si ya están todos sentados cómodamente, les contaré mi historia. Me llamo Plasto y soy un collar. Un collar muy bonito. Matilda fue la persona que me fabricó y ahora vivo con Ana. A ella le gusto mucho, así que me lleva casi a todas partes. ¡He visto tanto del mundo con ella! He ido al teatro, al cine e incluso al zoológico.
Cuando Ana no me usa, puedo descansar en su casa. Tengo un lugar especial en su joyero del cuarto de baño, junto a dos de mis amigas: un collar de perlas y una pulsera. En el cuarto de baño hace un calor agradable, entra el sol por la ventana y huele de maravilla a jabón.
Pero mi vida no siempre ha sido así. Hace mucho tiempo, yo era un juguete infantil, una pelota rompecabezas de plástico. Cuando me hicieron por primera vez en la fábrica, me sentí tremendamente orgulloso y me moría de ganas de que algunos niños jugaran conmigo. Éramos muchos en la fábrica y todos estábamos muy emocionados.
Al poco tiempo, nos llevaron a una tienda donde esperamos a que alguien nos comprara. Empezaba a pensar que me quedaría allí para siempre cuando un día vi a un niño que se me acercó corriendo. Se llamaba José y me recogió enseguida.
— ¡Éste, mamá, quiero éste! —gritó, dirigiéndose a su madre. Ella aceptó. Me llevaron a la caja, pagaron y me fui a casa con ellos. ¡Por fin era de alguien! Estaba muy contento. Mi nueva casa olía a vainilla y me encantaba. Además, en la habitación del niño vivían muchos otros juguetes. Estaba seguro de que la pasaríamos muy bien todos juntos.
José y su padre me sacaron a jugar el primer día y disfrutaron volteándome de…