Cuento armenio
El rey y el tejedor
La experiencia es a veces más valiosa que lo que dicen los libros. Un tejedor muy pobre demuestra ser más inteligente que los eruditos de la corte real, a quienes se les paga por sus servicios.


Érase una vez, hace mucho tiempo, algo muy desagradable pasó en Vietnam. Hubo una gran
Un día, cuando las cosas se pusieron tan mal que ya no podía sobrevivir sin agua, un sapo decidió que haría un largo viaje hacia el cielo y les contaría a los dioses lo que estaba
El sapo reunió a los demás animales, les contó su plan y les preguntó si alguno de ellos lo acompañaría. Un cangrejo salió de entre la multitud de animales sedientos y dijo:
—¡Iré contigo!
—Yo también —añadió una voz
—¡Cuenten conmigo también! —exclamó un zorro, dando un paso adelante.
—Y conmigo —gruñó un oso.
—¡Y conmigo! —rugió un gran
Al día siguiente, los seis animales emprendieron el viaje. Caminaron y caminaron hasta que llegaron a las puertas del palacio celestial. Delante de las puertas vieron un enorme gong, un gran instrumento de percusión. Eso le dio una idea al
—Cangrejo, escóndete allí, en esa tinaja —sugirió—, y Abeja, quédate aquí, detrás del poste de la puerta. Los demás, quédense atrás hasta que los llame.
Entonces el sapo tomó la baqueta y golpeó el gong con tanta fuerza que un fuerte estruendo resonó por todas
—Mi Señor, un pequeño sapo hizo sonar el gong en las…