Charles Perrault
Caperucita Roja
No hables con extraños. Este famoso cuento nos recuerda que hablar con extraños puede ser peligroso. Por suerte, esta historia tiene un final feliz.


Érase una vez un rey anciano y frágil que gobernaba un vasto reino. El rey tenÃa una hija famosa por su belleza sin igual. La bella princesa disfrutaba pasando el tiempo en el jardÃn real, donde paseaba o jugaba a las escondidas con sus amigas. Este maravilloso jardÃn estaba lleno de rosas amarillas, margaritas, tréboles y grandes robles.
Un dÃa, la princesa estaba en su lugar favorito: junto a un pozo profundo. Estaba lanzando y atrapando su pelotita dorada y tarareando una canción para sà misma mientras escuchaba el burbujeo del
La pelota era su juguete favorito, por lo que la princesa se puso a llorar
—¿Por qué lloras, princesa? Croac,
La princesa se sorprendió tanto que dejó de sollozar y, solo entonces, pudo ver en el agua a una criaturita de grandes ojos saltones. Era un pequeño sapo verde. El sapo, rápidamente, se dio cuenta de por qué la princesa estaba triste y le dijo:
—No llores, puedo devolverte tu pelota de oro. Pero ¿qué puedes darme tú a cambio?
—Lo que quieras, querido y dulce sapo. Perlas, diamantes, lo que sea que te haga feliz —dijo la princesa.
—No, no, no. No quiero nada de eso. Solo quiero ser tu mejor amigo. Quiero sentarme en tu preciosa mesa y dormir en tu cómoda cama. Si puedes prometérmelo, te devolveré tu pelota de oro —dijo. Esas eran sus condiciones.
La princesa prometió al sapo todo …