Charles Perrault
Caperucita Roja
No hables con extraños. Este famoso cuento nos recuerda que hablar con extraños puede ser peligroso. Por suerte, esta historia tiene un final feliz.


Érase una vez una princesa increÃblemente bella pero enormemente mimada y
Cada vez que un pretendiente pedÃa su mano, ella se reÃa histéricamente de ellos y los despedÃa con un bufido. Todas las chicas de su edad llevaban años casadas, pero no esta princesa. Ella era muy vanidosa y creÃa firmemente que nadie serÃa lo bastante bueno para ella.
«¡Son todos tan sosos e inútiles!» pensó para sÃ. «¡Aburridos, aburridos, aburridos!».
Un dÃa, su padre estaba tan harto que decidió invitar a todos sus pretendientes al castillo para que la princesa se viera obligada a elegir a uno. Multitud de hombres de la realeza se reunieron para pedir la mano de la princesa. Eran tantos que el rey tuvo que alinearlos a lo largo de las paredes del salón principal del castillo.
Los organizó por sus tÃtulos y sus riquezas, de modo que los orgullosos reyes y los ricos condes fueron llevados al frente, mientras que los valientes caballeros tuvieron que retirarse a la retaguardia. La princesa caminó a lo largo de la fila, deteniéndose un rato en cada uno de ellos para examinarlos. Cada vez que miraba a uno, encontraba algo de lo que burlarse y mofarse.
Uno era demasiado gordo (como una albóndiga, dijo la princesa). Otro era demasiado alto (como una jirafa), el siguiente demasiado torcido (como una rama partida), calvo (como un bebé) o rojo (como un tomate).
Pero fue el primer hombre de la fila el que más le hizo reÃr. Su barbilla, dijo, parecÃa el pico de un tordo. Empezó a
— ¡Bup! ¡Bup! ¡Bup! ¡Pi! ¡Pi! ¡Pi! — Se rió tan…