—¡Buenos dÃas! —dijo mamá Dragón emocionada mientras despertaba a su hijo.
—Buenos dÃas… —refunfuñó el pequeño Reggie, medio dormido, con una pata todavÃa dormida.
—¿Ya es hora de despertar? —preguntó con un poco de molestia.
—¡SÃ! Mira lo que hay allá afuera, Reggie. ¡Está nevando! —dijo la mamá de Reggie mientras señalaba con emoción los copos de nieve que caÃan por la ventana. HabÃa mucha nieve cubriendo el suelo.
—¡Nieve! —exclamó Reggie.
Arrojó su cálida manta a un lado, ya no le importaba seguir acostado.
El pequeño dragón olvidó por completo por qué lo habÃan despertado. ¡La escuela! Esa era la razón por la que tenÃa que levantarse. No tenÃa ganas de ir a ninguna parte, pero aún asÃ, entre refunfuños, comenzó a prepararse.
Comió la merienda de jamón que su mamá le habÃa preparado y puso los útiles escolares en su mochila, pero sinceramente, solo querÃa una cosa: ir a divertirse en la nieve lo antes posible.
—¡Adiós, mamá! —dijo Reggie.
Y se fue a la escuela.
Normalmente no le gustaba ir a la escuela, ¡pero hoy ni siquiera podÃa ver el camino! Todo estaba cubierto por montones de nieve.
—¿Y ahora cómo voy a ir a la escuela? —gimió tristemente el dragón.
La quitanieves aún no habÃa llegado hasta esa parte de la ciudad, por lo que Reggie tomó una pequeña pala de metal y comenzó a despejar el camino a la escuela por sà mismo. ¡Era muy difÃcil! Y, además, seguÃa nevando, por lo que no pudo avanzar mucho.
De repente, algo lo tiró al suelo. Un fuerte golpe de una bola de nieve helada que le lanzó su vecino Gonrad lo tomó por sorpresa. Ni siquiera tuvo tiempo de darse cuenta de lo que lo habÃa…